sábado, 5 de junio de 2010

La vida, fábrica de recuerdos

La vida es una fábrica de recuerdos que desaparecen con el final de cada uno.
Notamos que nos vamos haciendo viejos cuando miramos hacia atrás con mas intensidad de lo normal y eso es lo que me ha pasado estos tres últimos días.
Por motivos profesionales he estado en Valladolid, ciudad que la que viví hace ya unos años. He intentado en mi tiempo libre revivir los muchos recuerdos que me quedan sobre aquel periodo (desde los 5 a los 8 años) y posteriores visitas a familiares, sobre todo a la abuela. Ha sido una mezcla de emociones y frustraciones, de vivencias y realidades, de adobe y acero.
Estos tres años fueron un tiempo vital de descubrimientos muy agradables como corresponden a un chiquillo de esas primaveras. De forma idílica he intentado robar al tiempo esas emociones, pero el destino me ha dejado con un sabor agridulce al que ya debería estar acostumbrado.
Había cosas que no habían cambiado nada, el Paseo Zorrilla, la estatua al ilustre poeta, el Campo Grande, la Academia de Caballería (con esa escultura que me impresionaba de forma sobresaliente en homenaje al regimiento de Alcántara), y cien mil detalles que a cualquiera pueden parecerle absurdos pero que añadían un ladrillo a la historia de mi humilde existencia.
Sin embargo, otros recuerdos como la casa de mi abuela en la calle labradores, demolida y reconstruida, o la Escuela de Comercio donde estudio mi madre teniendo como profesor a Miguel Delibes convertida ahora en el Registro de la Propiedad han empañado mi alma y me han hecho ser consciente de la realidad de que los años han pasado.
Veía a niños pasear con sus padres por el Paseo de Recoletos, en alusión al monasterio antaño allí sito, adquiriendo nuevas realidades que al final de transformarían en recuerdos y finalmente dejarían de existir. Inútil proceso con un tinte emocional intenso.
El disfrute de la rememoración de recuerdos es proporcional a la ascendencia genética. Lo que hubieran disfrutado mi madre o mi abuela ya fallecidas ambas una tarde tomando un café y hablando de todo esto...la información que me hubieran proporcionado y que ahora se he perdido para siempre.
La pregunta que me hago es porqué. ¿Es simplemente reunir una linea recta de vivencias para establecer una biografía definitiva?, ¿añorar a mis seres queridos a través de patrones urbanísticos? o algo que me preocuparía y es que si soy mas infeliz ahora que antes.
Lo que se construyo con sacrificio humano y económico ha desaparecido, sin dejar rastro y tan solo se mantiene en nuestra estructura cerebral, algo físico y real ha pasado a ser algo virtual. Me estaba acordando de la tienda de ultramarinos sita debajo de la casa de mi abuela donde estaba aquel señor de bata azul al que me hacían llamar el tío Tirso. O aquella costurera, la tía pepita, que nos hacía la ropa para ir al Colegio. O aquel kiosco en el que me compraban los sobres sorpresa. Aún recuerdo con emoción el ruido que escuchaba y con el que me dormía por la noche de los coches al entrar en el túnel de las Delicias, solo, en aquella habitación sobre dos colchones de lana. Cuando uno se cambia de casa, tiene un sentimiento de morar en un lugar extraño, ajeno a el y la causa es la ausencia de vivencias. Por eso me costó mucho abandonar la casa de mi abuela, porque estaba llena de sentimientos, buenos y malos.
He sido un buscador de vivencias en el fondo del armario, he disfrutado pero también me ha hecho consciente del anonimato existencial al que estamos avocados. En realidad nada de lo que hacemos o tenemos es permanente, todo se inscribe en una temporalidad existencial. La trampa es que pensamos que no ocurrirá o sencillamente no lo queremos pensar aunque en el fondo sabemos que es así.
La magnitud de vivencias acumuladas hacen posible la perduración física de los objetos.
Los recuerdos nos posicionan en un tiempo concreto y en un lugar determinado, son como las coordenadas de nuestra existencia.
El comprobar que el tiempo ha transcurrido de forma evidente es lo que mas me ha deprimido.

viernes, 28 de mayo de 2010

¿Se puede eliminar el dinero?

El otro día leía un artículo de lo muchos que hay ahora sobre el déficit del Estado. Para paliarlo las medidas tomadas pasan un aumento de la recaudación y una disminución del gasto, cosa que haríamos todos en nuestra economía doméstica en la misma coyuntura. Dejando aparte si es una tirita para la herida y las consecuencias sobre el paro, el gasto, el pib etc..., lo cierto es que todo el mundo está descontento ya sea por la bajada directa del sueldo ya sea por el aumento del IVA o de los impuestos.
Una de las causas que se aduce agudiza este déficit es toda la suma de dinero que no cotiza a Hacienda como la generada por algunos autónomos, profesiones liberales y toda la economía sumergida.
Dado que soy un amante de las nuevas tecnologías se me ocurrió la idea de eliminar el dinero tal y como lo conocemos y hacer todos los pagos/cobros mediante una tarjeta. Me imagino que técnicamente es posible, y de hecho la mayoría de la gente que tenemos nómina operamos casi exclusivamente mediante este método, tan solo bastaría con proveernos de una única tarjeta individual (como el DNI) libre de comisiones por operaciones. No se trata de defender tal ideación, sino de analizar superficialmente las consecuencias y los pro y contras pensando en principio que es algo que pienso llegará en el futuro.
Un beneficio incuestionable sería la tributación al Estado de toda génesis económica de cualquier tipo y me imagino que la recaudación tendría un incremento brutal dado el alto índice de fraude a Hacienda y el movimiento de toda la economía sumergida. Este sería un beneficio innegable para el Estado, y en los tiempos que corren un gran alivio. Otro beneficio podría ser la facilitación de la labor policial ya que se podría rastrear cualquier trasacción económica y es posible que hubiera incluso una disminución de la delincuencia. Como consecuencia uno puede imaginar que  los terroristas lo tendría bastante difícil así como también las mafias que trafican con drogas, armas y trata de mujeres. Uno de los puntos mas delicados es la pérdida de intimidad y el control exaustivo por parte del Estado de nuestras acciones. Podrían saber dónde estamos, dónde hemos repostado, en qué hotel hemos dormido, dónde hemos comido, que hemos comprado a nuestros hijos por su cumpleaños y un largo etcétera que da escalofríos. No es justificable pero he de decir que muchas de estas cosas ya las conocen los bancos por el movimiento de nuestras tarjetas y es normal que estemos siendo grabados por una cámara anónima callejera mientras esperamos al autobús. La tendencia según evoluciona la sociedad es a estar mas controlados por lo que esto vendrá de forma natural y no por la desaparición del dinero. También es posible la desaparición de las falsificaciones de billetes tal como las conocemos. Podría pensarse que sería mas fácil la "falsificación" mediante el hackeo de los ordenadores y el incremento del saldo, pero no olvidemos que todas las operaciones estarían rastreadas mediante centinelas inteligentes y ante tal suceso se buscaría el origen de ese aumento para su justificación. Otra consecuencia sería la reaparición del trueque para conseguir cosas ilegales como droga o armas pero seria algo muy incómodo y desde luego a un nivel muy bajo y puntual. Y por supuesto la desaparición de la economía sumergida con todas sus consecuencias, dificultando la subsistencia a mucha gente y llevando a la quiebra a pequeñas empresas familiares.
Lo que es ahora una posibilidad, mañana puede ser una realidad. Es innegable que caminamos hacia una sociedad mas controlada en aras de una ficticia libertad por lo que la desaparición del dinero físico es algo que ocurrirá tarde o temprano.